Cabeza fría

La semana pasada fue, por mucho, la peor semana que he tenido en el año, el cual, la verdad, ha sido excelente para mí, por lo que sería fácil para cualquier semana ser mi peor semana del año; sin embargo, esta semana fue tan mala que competiría con una mala semana en los peores años.

Consecuentemente, esta semana la comencé de una manera bastante torpe y lenta, algo que debo decir que no es nada normal para mí, ya que soy y siempre he sido una persona sumamente ágil en mis modos.

Lo primero que hice esta semana fue ir a comprar unos sofás de diseño minimalista para las oficinas, ya que nuestro director me había pedido hacer esto desde la semana pasada; sin embargo, mi semana fue tan mala que verdaderamente se me olvidó el tema de los sofás.

El problema es que aunque para mí no era algo importante lo de los muebles, sí lo era para nuestro director, quien quería tenerlo en su oficina para día miércoles, ya que tendría una reunión muy importante con clientes potenciales el día viernes, por lo que quería todo listo.

Este era un pequeño detalle que yo no conocía, ya que a mí simplemente me ordenaron que adquiriera el mueble, sin darme ningún tipo de detalles en el asunto, por lo que tomé todo a la ligera, un grave error mío y también de mis superiores, quienes no ejecutaron las ordenes con precisión.

El día lunes que fui a la tienda de muebles, naturalmente con suma urgencia, me dijeron que si hubiera venido el día viernes pasado, los muebles estarían listos y colocados como máximo ese mismo lunes o inclusive el mismo viernes; sin embargo, ya no tenían los muebles ni sofás que nuestro director quería y me dijeron que los tendrían hasta la semana entrante o hasta en dos semanas.

En ese momento, al saber las consecuencias que esto tendría, poco a poco y de un segundo al otro al mismo tiempo (aunque suene extraño), se me bloqueó la mente y comencé creo que a entrar en pánico y por más que intentaba no estaba pensando en ninguna solución, sino simplemente en el problema y en las consecuencias que este traería.

Esto es algo muy común cuando alguien, como yo, no sabe manejar el pánico o el estrés en una situación fatídica, siendo esta la razón por la cual la mayoría de las veces cuando uno entra en este estado es imposible o muy difícil resolver los problemas, es más, se hacen mucho peores debido a las pésimas decisiones que se toman.

Al ver que estaba en esa situación, de pronto entendí que no resolvería nada al entrar en pánico, por lo que decidí enfrentar el problema derecho y decirle a mi director que olvide la cuestión de los muebles.

En ese momento me tranquilicé y comencé actuar efectivamente.

Terminé consiguiendo el sofá, no para el miércoles sino para el martes.

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