El Hombre de las Sombras

El día de hoy, en unas cursos de inglés online, vimos unos videos de la historia moderna rusa donde se mencionaba mucho al misterioso monje que se dice haber sido amante de la zarina Alexandra Fedorovna esposa del desafortunado zar Nicolás II último de los Romanov.

Este monje es Rasputin, cuyo mero nombre suena a algo esotérico aunque no se le conozca y con buena razón ya que dicho monje si trabajaba con las artes y técnicas desconocidas para la mayoría del mundo utilizadas para la manipulación del ser humano y en algunos casos muy avanzados, de las fuerzas naturales y del tiempo.

Rasputin nació en las misteriosas tierras de Siberia, una zona del mundo conocida por su extremo clima – llegando a 45 grados  en verano y a -60 en invierno- pero también es conocida esta tierra por los muchos relatos de carácter místico que ahí existen y son bien conocidos por los historiadores rusos o académicos especializados en la historia rusa.  Esto ciertamente es algo que hace sentido para mí, debido a que yo estoy convencido que las personas son el producto de su tierra y somos parecidos a ella o a la tierra de donde proviene nuestra cadena genética.

Como buen siberiano, Rasputín busco maneras de pasar las horas en aquellos extremos climas y territorios de bosques profundos y peligros constantes, algo que es bien sabido que el monje gustaba de explorar en soledad. Durante estas exploraciones, encontró un monasterio de monjes místicos quienes afirmaban tener conexión directa con el poder supremo y quienes poseían el poder de la curación hipnótica y mística. A diferencia del legado que Rasputin dejaría en este mundo, estos monjes ermitaños siberianos, tienen hasta hoy en día una muy buena reputación de ser hombres de Dios quienes renuncian a los placeres humanos y viven del cultivo de la tierra y de la oración profunda, llegando a extremos como el ir a expediciones místicas donde viven en cuevas durante años sin ninguna compañía mas que la de su propia alma que, por medio de la oración, se encuentra en comunicación constante con Dios y todos los santos.

Mientras que Rasputin aprendió muchos de estos oficios místicos, decidió utilizarles para otros medios ajenos a la santidad, mismos que empleo con maestría en los años siguientes de su vida. Tras pasar tres años en dicho monasterio, Rasputin se despidió de los monjes y emprendió en una peregrinación  a pie desde Siberia hasta llegar tras muchos meses a Tierra Santa donde paso algunos años, donde se desconocen sus oficios. Lo que sí se sabe, es que regreso a San Petersburgo caminando para intervenir en la enfermedad de hemofilia de la cual padecía el Zarievich a quien curaba constantemente con la simple mirada de sus episodios.

Muchos expertos dicen que la zarina nunca tuvo nada con el monje, pero mucho se dice por ahí sobre su relación.

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